María estaba sentada en la mesa con un hombre. No pude reconocer si era el mismo de la fotografía que me había dado Virginia o no. Mi mujer llevaba un largo vestido verde, se lo compré ya unos años atrás y me encantaba cuando lo ponía. Ambos platicaban, sonreían, pero la sonrisa de María no era esa que yo conocía. Parecía poco sincera, fingida. Tuve la impresión que estaba tensa y que no se sentía bien en la compañía de ese hombre. El tipo tenía una apariencia que me asustaba, era bastante grande, calvo y se parecía a esos de las películas que mataban con sangre fría. Pensé que lo mejor sería sacarla de ese lugar. Quise dar un paso pero sentí como si mis pies estuvieran pegados al suelo.
María acercaba rápidamente una copa de vino a sus labios y la bebió entera. En ese momento me vió. Poco faltaba a que muriera por atragantarse. Ya no había salida. Me dirigí hacía ella fuertemente y estaba pensando qué le voy a decir a esos dos.
- Adam, qué haces aquí ?
- Que qué hago yo ??? Quién es ese tipo ? Nos vamos de aquí María. Se acabó la fiesta.
- Amor, no puedo. Son cosas de trabajo. No compliques las cosas, véte de aquí, te lo ruego. -dijo casi atormentada. Noté en sus ojos miedo.
- No, tú te vas conmigo. -Dije ásperamente y esperaba a que se ponga de pie, pero no lo hizo.
No soy uno de esos que usa agresión, ni siquiera sería capaz de gritarle, pero después de las varias copas que había tomado y de la furia que comenzaba a dominarme, sin pensarlo, cogí a María de la mano y le dije por última vez que nos vamos.
En un instante se armó un lío, el tipo calvo sacó una pistola y me amenazó diciendo que si no salía me metía una bala. María con un tremendo espanto trató de calmar la situación.
- Te lo dije. No puedo... - repitió con un penetrante arrepentimiento.
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